Miércoles, 08 de Septiembre de 2010
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«MOONRAKER»: El agente secreto al espacio
 
MOONRAKER

Desde Vénecia con James Bond
 

Imagen del rodaje de MOONRAKER en Venecia

Permiso para incordiar al equipo que rueda en Venecia el undécimo filme sobre James Bond. La película, titulada «Moonraker», cuenta con un presupuesto de veinticinco millones de dólares y su rodaje durará treinta y una semanas. El director es el mismo que ha realizado los dos últimos Bond, Lewis Gilbert. Y el superagente, por cuarta vez, Roger Moore.

La película comenzó a rodarse el pasado julio en París. En los estudios franceses de Epinay, Billancourt y Boulogne. También en Vaux-le Vicompte, Roissy y le Beaubourg. Los exteriores, además de Venecia, tendrán como escenario Río de Janeiro, Tikal, las cataratas del Iguazú y el centro de la NASA.

La novedad principal de este James Bond es que el agente secreto salta al espacio. La aventura espacial ha requerido la consulta a la NASA y la colaboración de cien peritos en artificio, que tienen su base en los estudios de Pinewood (Inglaterra). Del aire a la tierra, las escenas acuáticas más importantes se desarrollan en Venecia. 118 islas, 400 puentes, el hotel Danieli, la plaza de San Marcos, las factorías de cristal de Murano dan, por supuesto, mucho juego. El equipo de Broccoli —jefe supremo, rey absoluto con unos «fidelis regís» muy eficaces— se han encontrado en Venecia como gaviota en el agua. Y he podido comprobarlo durante unas jornadas en las que el mal tiempo nos recluía en el Danieli, donde «Roger Bond» decía «I love you» —en una suite dorada del hotel bajo la condescendiente mirada de los dux cuya efigie ornaban los muros— a Lois Chiles en camisón, algo deprimida, porque sus hermosos cabellos —según decían las buenas lenguas— se rizaban con la humedad.

Roger Moore toma su trabajo con humor y filosofía. Entre Bond y Bond, hace otras películas, por ejemplo, «El ganso salvaje» y «Escape a Atenas». «Sé que hacer este trabajo no es representar Hamlet, pero es que además a mí, las medias me sentarían fatal. Ciertamente, James Bond ha de evolucionar, no puede hacerse lo mismo que en los años sesenta». Dice que su vida es el cine, y que también ha pensado en dirigir. Pero cada vez que va a decidirse le ofrecen una interpretación importante.

Roger Moore es un actor millonario, pero no quiere confesar lo que gana con sus películas.

—Yo no discuto nunca de dinero. Yo soy un buenazo, pero son mis abogados los que cada día exigen más.

—¿Hay un Roger Moore preocupado por la política?

—Sí, soy liberal, pero como el liberalismo no funciona, creo que el mundo necesita una mano que lo dirija. Siempre que sea una mano bondadosa. Creo en la dictadura si yo puedo ser el dictador. Si no, me quedo con el liberalismo.

—¿Qué papel juega el pueblo en este estado creado por Roger Moore?

—Tiene la misión de votar. De votarme a mí, por supuesto.

Hablar con Roger Moore es tener una continua opción a la sonrisa. Pero en un momento de la charla dijo: «La civilización no ha logrado la calidad de vida precisa para todos y por ello no puede darse la paz en todos los países. Falta que la educación se desarrolle de forma suficientemente amplia».

—¿Cree que su imagen es buena en el mundo del cine?

—Sí, suelo gustar a todo el mundo menos a los críticos.

—Su padre fue un policía londinense ¿Desde niño ha idealizado al agente velador del orden?

—No, porque mi padre trabajaba como dibujante para la policía. Yo lo veía siempre sin hacer nada, Por ello cuando me preguntaban qué sería de mayor yo decía que no trabajaría, que sería policía como mi padre.

Explica después cómo la guerra influyó en su persona y en su carrera, porque cuando trabajaba ya como actor lo llamaron al ejército. Su trayectoria como soldado fue breve, y entroncó con su vida artística.

—Pero le debe su éxito a la televisión.

—Sí, ha sido una etapa muy importante en mi vida. «El Santo» estuvo en el aire durante siete años y lo vieron quinientos millones de espectadores.

—¿Produjo algunos episodios?

—Sí, me convertí en mi propio productor por consejo de mis abogados.

—¿Cuántos abogados tiene? Porque supongo que son una parte importante de su vida.

—Tengo tantos que ellos tienen abogados a su vez.

—¿Se ha convertido en un hombre objeto?

—No, siempre hago lo que quiero. Y lo que mi mujer y mis hijos quieren que haga.

Me dice que conoce Barcelona y que le encanta. Le hablo de Cataluña, de la realidad catalana con su tradición lingüística y política y me escucha. «No lo conocía». Recuerda una anécdota de Barcelona de los años sesenta cuando invitado en el Ritz, llegó tarde a la cena porque las personas que lo acompañaban dijeron que primero debía entrar el gobernador y lo pasearon más de una hora por los alrededores. «Luego la prensa dijo que Roger Moore había llegado tarde».

Un mito muy rentable

Lewis Gilbert me cuenta que la principal dificultad es tratar el espacio como algo real. «A pesar de que la NASA nos suministró toda clase de información relacionada con el espacio. Lo que se ha hecho hasta ahora y lo que podría hacerse. Nos dijeron en la NASA que si tuvieran tanto dinero como nosotros irían más lejos en sus programas. Lo que quiere decir que los Estados Unidos no pueden, pero James Bond sí.»

El alma de todo el tinglado es Albert R. Broccoli —de ascendencia italiana, ex gerente de una compañía de ataúdes en Nueva York— enamorado perenne del mito Bond.

—Seguirá mientras yo viva y el público lo pida.

—En «Moonraker» ¿Queda algo más que el título de Ian Fleming?

-Bueno, «Moonraker» fue escrita hace más de veinte años y las cosas han cambiado mucho, sobre todo lo del espacio. Pero el papel del malo Drax, estaba ya en el original.

—¿Seguirá con Roger Moore, aunque ya cuenta 51 años?

—Yo creo que a Roger Moore se le ve tan bien como en las otras películas. Y no creo que esté envejeciendo.

—Después de Sean Connery, fue Lazenby ¿Por qué un 007 tan meteórico?

—No estaba preparado mentalmente para el papel. Quizás lo estaría ahora.

Para Broccoli el «bondismo» es un fenómeno cinematográfico importante como forma artística que dura ya diecisiete años.

—Muchos críticos dan palos a los filmes Bond. No me importa. Algunos periodistas hace diez años decían que James Bond estaba a punto de desaparecer y lo que ha desaparecido son sus diarios.

—¿En qué países no se han proyectado los James Bond?

—En la URSS, en China, y en algunos países del telón de acero. Y no sé por qué, puesto que los rusos me invitaron a hacer una película en la Unión Soviética, y tal vez la haga.

—«La espía que me amó» ha sido el Bond más taquillera para usted. Y también para la United Artists ¿Ha dado usted con la fórmula del éxito?

—No, las buenas películas se hacen trabajando mucho. Y a veces no siempre el público las acepta. La fórmula para James Bond es hacerlo mejor que la vez anterior.

Luchas en el espacio entre James Bond y Drax (Michel Lonsdale), amor entre el bello Moore y la nueva chica Bond, Lois Chiles, modelo venida a más. Otros muchos actores en pista, incluido Richard Kiel, el «Jaws» de «La espía que me amó».

Se sigue usando el gran escenario —el mayor del mundo creado por Ken Adam, que ha diseñado seis Bonds— que se encuentra en Pinewood. «Cuando lo mandé construir me dijeron que estaba loco. Ahora todo el mundo quiere rodar allí. Se ha utilizado para Superman. Es nuestro, pero lo alquilamos».

El dinero es importante para Broccoli, pero no la razón de su existencia sino la de su trabajo. Tiene una filosofía muy práctica que esbozó durante un almuerzo en una «trattoria» de Venecia con «spaghetti» a le «vangole» y queso de «gorgozola». «En esta vida no hay nada gratuito. Todo se paga». En los veinticinco millones de dólares de «Moonraker» se anidan bastantes ilusiones.


Fuente: Angeles Masó – LA VANGUARDIA, 19 de Noviembre de 1978

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