Miércoles, 08 de Septiembre de 2010
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EL MUNDO NUNCA ES SUFICIENTE
 
EL MUNDO NUNCA ES SUFICIENTE

'Bond' para nostálgicos
 

Cartel promocional de EL MUNDO NUNCA ES SUFICIENTE

El más famoso agente secreto del mundo del cine ha tenido, en su ya larga y accidentada historia, cinco rostros diferentes. El primero, inigualable, genuino, auténtico e inolvidable: Sean Connery. Tras él, la saga 'bond' entró decididamente en barrena: ni Roger Moore, ni por supuesto los acartonados Tirnorhy Dalron y George Lazenby, fueron capaces de sostener un personaje casi mítico que formaba parre del imaginario colectivo de todos los aficionados del mundo. Al mismo tiempo, la infantilización del cine de acción no sólo desvirtuó la tipología del personaje literario (eso ya lo había hecho el propio Connery) sino que convirtió a ese fantástico agente adulto y adúltero, creado para que un público maduro disfrutara de sus peripecias y de su amoralidad, en un títere absurdo, rodeado de 'barbies' con carita de ángel que inexplicablemente acababan sus aventuras tan vírgenes como al comienzo. Y, por si fuera poco, las diversas entregas se iban sucediendo sin parecerse unas a otras y alejando definitivamente a James Bond del Servicio Secreto de su Majestad por una supuesta modernización de los temas e intrigas a desarrollar: ¡Un auténtico dislate!

Por fortuna, Pierce Brosnan (el quinto rostro) ha devuelto cierra autenticidad al inmarcesible personaje. Y esto es muy de agradecer. Brosnan, pese a resultar un poco blando y en ocasiones remilgado, ha vuelto a dar al agente secreto la elegancia y la madurez que sus fans echaban de menos. Además con la llegada del actor irlandés que obtuvo la fama como el recordado Remington Steele, el mítico héroe ha ido poco a poco renaciendo de sus cenizas. En esta última entrega, El mundo nunca es suficiente, además, los guionistas (tres hombres y una mujer) han tenido el acierro de enfocar la película como una recuperación nostálgica de los mejores momentos de la serie clásica.

Así, tras un prólogo de infarto, con escalofriantes persecuciones por el Bilbao del Guggenheim y por los amplios canales del Londres del nuevo milenio, aparecen en pantalla unos títulos de crédito brillantes que harán las delicias de los aficionados más exigentes. Y a partir de ahí, más de dos horas de frenético ritmo de un sabroso cóctel (como el martini, ¡sacudido por favor, jamás agitado!) de los momentos clásicos del superagente, con todos los ingredientes sin olvidar ninguno: una auténtica colección de cromos de lujo para nostálgicos, remozada por la mejor tecnología digital.

James Bond, de nuevo al Servicio de su Majestad; con la entrañable Moneypenny (corra pero brillante intervención de Sarnantha Bond); con M (papel en el que repite la veterana actriz Judi Dench); rodeado de villanos más creíbles que antaño, y al lado de bellezas ingenuas y despampanantes (Denise Richards) o sofisticadas y traidoras (Sophie Marceau). El verdadero Bond por tierra, mar y aire; surcando el mundo en los más insospechados medios de transporte (desde los esquís más simples a los submarinos nucleares, pasando por vehículos anfibios y coches fantásticos); ayudado de los variados artilugios que le proporciona Q (por cierto interpretado de nuevo por Desmond Llewelyn, el único de la saga que va envejeciendo con el transcurso de los años). Un bond casi tan maduro como el de los años sesenta y que, afortunadamente, ha recuperado su antigua costumbre de encamarse con todas las chicas con las que se cruza: en este caso también con la doctora Molly Warmflash (una sugerente belleza llamada Serena Scott Thomas ¿Les suena el apellido?). Un bond, en definitiva, que sin dejar de ser un aparatoso juguete -rodado en multitud de exóticos y lejanos lugares (Londres, Bilbao, Swindon, Norte de Escocia, Estambul, Bakú, Chamonix, etc.)- ha conseguido no quedarse en la superficie de la acción por la acción: evidentemente, sin rechazar ese filón, ha sido capaz de dar mayor trascendencia a los distintos personajes y lograr mayor carga en las emociones y menos artificialidad en las situaciones. Todo un logro si se compara con las anteriores entregas de la serie.


Fuente: Eduardo Rodríguez – CINERAMA, Enero de 2000

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