AGENTE 007 CONTRA EL DR. NO AGENTE 007 CONTRA EL DR. NO
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El cine como pasatiempo tiene en esta película un buen, y en ciertos aspectos, admirable exponente. En ella se recogen, y valoran multitud de factores que caracterizan la novela de aventuras de nuestro tiempo. Hay en «Agente 007 contra el doctor No» mucho de film detectivesco, con buenas dosis de «suspense»; un trasfondo de espionaje, convenientemente amalgamado con el viejo y siempre sugestivo tema del criminal frío y ambicioso que, valiéndose de los recursos que le depara la «superciencia», quiere hacerse el amo del mundo. También se sazona el relato con la pintoresca descripción de las tremendas instalaciones atómicas del «Doctor No» y del fantástico ambiente que las rodea.
De lo dicho, es fácil deducir que la película nada tiene de aburrida. Además de los alicientes apuntados, cabe destacar el ritmo dinámico y vibrante, muy bien medido, de su acción y el carácter decidido de sus intérpretes, que van siempre «al grano», sin pararse en barras.
Es curioso señalar que la cinta debe su origen a la novela «Doctor No», de Ian Fleming, quien durante varios años fue miembro activo del «Intelligence Service», inglés, de donde pasó a desempeñar un cargo de responsabilidad en un importante periódico londinense. Por simple diversión, escribió una novela, con «James Bond» como protagonista, cuyo éxito le impulsó a insistir en el héroe central, en el tema y en sus características peculiares. Hoy es uno de los novelistas de aventuras más leídos en el mundo y entre sus lectores se cuenta el presidente Kennedy.
Terence Young ha dirigido la película con su reconocida competencia. Lo que suele llamarse «puesta en escena» reúne aciertos que se revelan tanto en la pericia con que es manejada la cámara como en el estilo sencillo y directo que caracteriza el relato. Lo cándido y arbitrario del tema y de todas y cada una de las situaciones está resuelto con desenfado no exento de humor e ironía hasta el punto de que el espectador se percata de que el tremendismo empleado no es tampoco tomado demasiado en serio por el mismo realizador. El diálogo incisivo, que apenas esconde un cierto aire de travesura, contribuye con la música, que está en la misma línea expresiva, a la finalidad principal de la cinta que es divertir con despreocupación.
Sean Connery se desenvuelve con naturalidad y desenfado en el «rol» del intrépido y duro agente del Servicio Secreto inglés cuya audacia trunca los propósitos del «Doctor No». Joseph Wisemann, Jack Lord y Bernard Lee se muestran a la altura de las circunstancias del mismo modo que Ursula Andress, Zena Marshall, Eunice Gayson y Margaret le War las cuales constituyen lo más peligroso y sugestivo de la misión que incumbe al agente 007.
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