
Si una obra maestra consiste en la caza al vuelo de lo tangible o lo inapreciable, la realidad fabulada, inventada, soñada por otros, fosilizada por los siglos de los siglos, eternizada hasta el último suspiro del horizonte, la vida y nada más, en fin, y retorcerle las entrañas, buscarle las esquinas al círculo concéntrico y enfocar otro prisma del dodecaedro infinito, maravillosamente infinito, no hay lugar a dudas: La delgada línea roja es una maldita obra maestra.
A partir de ahora, y hasta dentro de 440 palabras, uno podría jugar al giroscopio intentando argumentar algo que le ha sido presentado como dogma de fe, aduciendo motivos filosóficos, metafísicos y hasta teologales. Bueno, en cierta manera es su deber. Su responsabilidad. Su obligación para no faltar al respeto del lector. Sin embargo, que conste que, aunque escribir sobre lo cuasi divino es un placer, al mismo tiempo es una solemne nadería, una boutade como la copa de un pino. Por eso, y como entrar en el epicentro de una obra tan compleja, alucinante, reveladora, incomprensible y ambigua como ésta es tarea baladí (algo así como intentar diseccionar el córtex cerebral de, pongamos, Picasso), quizá lo más honesto sea, modestamente, buscarle los flecos. Por ejemplo ¿Qué estará pasando para que, las contadas obras maestras de la década y el siglo y el milenio que ya acaba tengan trasfondo bélico? ¿Hacen falta nuevos héroes, nuevos mártires, nuevos cobardes? O, tal vez, ¿es posible utilizar la cámara al hombro interna? Es decir ¿Rodar majestuosamente pero tener la sensación que estamos "viendo" por dentro del personaje, a trancas y barrancas, trastabilleando por sus rendijas? Más aún... ¿Qué importa de una película, de una historia cualquiera? ¿La estructura? ¿El final? ¿Los actores (por cierto, Nick Nolte es, ahora, el mejor actor del mundo y punto)? O... ¿Los márgenes? ¿Es lícito que un cínico se vuelva héroe y ese héroe cobarde y ese cobarde mártir y ese mártir resucite y vuelva a ser cínico? ¿Por qué no podemos dejar de pensar durante una semana o un mes o un año en una película que, a la salida de la sala, ni siquiera nos erizó la epidermis?
Da igual los Oscar, los Globos de Oro o los Osos de Hojalata. Y las críticas a favor, en contra o haciendo el pino. Y, por supuesto, da igual que Terrence Malick no vuelva a rodar hasta el 2020. Porque lo verdaderamente importante no es que una película o una vida guste o no guste. Lo que realmente cuenta es que haga sentir, que abra caminos, que formule mil preguntas nuevas. Y eso es exactamente lo que hace La delgada línea roja. Situar el frente de batalla en nuestra alma y no concederle ni media tregua. Ya eso le llamo yo milagro.

Malick es un director venerado sin haber redondeado una película completa en tres intentos, escogidos cuidadosamente y rodados en condiciones de producción absolutamente favorables. Malas Tierras es James Dean más Nicholas Ray y estilo nouvelle vague, un capote sin la sangre de éste y un Bonnie y Clyde sofisticadamente culto: los amantes perseguidos y delincuentes bailan bajo las estrellas de la pradera A Blosson fell cantada por Nat King Cole. Días del Cielo vuelve a ser Ray, Gigante y nouvelle vague, con fotografía de Almendros and aliii, estética New Deal y referencias entre Willa Carther y Stcinbeck, Balzac y Zola light. Las dos están impecablemente diseñadas, puestas en escena con inteligencia y compromiso emocional y todos sus actores están espléndidos. Pero una y otra, sobre todo Días del Cielo, no consiguen funcionar como una película sino como secuencias y acaban deshilachándose.
La delgada línea roja, adaptación de una novela de James Jones que ya realizó competentemente Andrew Manan en los 60, la aborda Malick como su adaptación panteista de "El corazón de las tinieblas" de Conrad. Por eso si hay que compararla debe hacerse con el caos brillante de Coppola en su Apocalipsis Now y no con Salvar al Soldado Ryan, facsimil spilberguiano de Hemingway-Capa más retórica y superficial.

Ya que estamos con cuestiones bélicas, permítaseme la comparación: En el ejército americano un militar puede aspirar como máximo en su carrera a la categoría de cuatro estrellas, para obtener la quinta y mítica estrella han de darse unas circunstancias muy especiales, que no solo dependen del trabajo o méritos del militar en cuestión. En el cine sucede algo parecido: los que de vez en cuando hacemos crítica de cine, desde hace algunos años, puntuamos de cero (o punto negro) a cinco. Normalmente las películas obtienen entre el cero y el cuatro. La quinta estrella es algo especial, que se concede muy de tarde en tarde (la última que había concedido una fue ROMPIENDO LAS OLAS) y que requiere algo más que calidad. Tal vez una conexión especial entre la película y el comentarista. LA DELGADA LINEA ROJA es una de esas películas a las que se le concede la QUINTA ESTRELLA.
La carrera de Terrence Malick comenzó como pocas veces se ha visto en el cine, tal vez como ninguna otra en la historia del cine, a excepción de Orson Welles, como no podía ser menos. Comenzaba con BADLANDS, una obra maestra definitiva, que si bien es cierto en su momento pasaría desapercibida, con los años se ha convertido en un clásico imperecedero, un film de culto y una de las películas que más ha influido en el posterior desarrollo del cine. Cuatro años más tarde y con Nestor Almendros como fotógrafo nos ofrecía otra maravilla conocida como DIAS DEL CIELO.
Desde entonces han pasado 20 años, en los cuales Terrence Malick no ha hecho ni una sola película, pero tras haber visto LA DELGADA LINEA ROJA podemos afirmar sin duda alguna que la espera ha merecido la pena. He visto miles de películas en mi vida, creía que nada podía sorprenderme a estas alturas, tal vez emocionarme, pero no sorprenderme; pero estaba equivocado. La obra de Malick me ha sorprendido, me ha emocionado, me ha conmovido y me ha entusiasmado.
La historia es muy sencilla, casi una anécdota que sirve para exponer, narrar, una tesis compleja donde las haya. La batalla de Guadalcanal, una de las más duras confrontaciones llevadas a cabo en la Segunda Guerra Mundial. Pero podía haber sido cualquier otra batalla, incluso cualquier otra guerra, y nada hubiese cambiado, si exceptuamos los paradisiacos y bellísimos escenarios naturales donde se ha filmado la película donde se ha desarrollado la acción.
LA DELGADA LINEA ROJA es una película que nos habla del hombre, del hombre como ser humano, sin distinciones de bandos, de etnias, de razas; del hombre en relación directa con la naturaleza. Y como contraste la Guerra, esa circunstancia que mata la bondad que existe en cada uno, que hace aflorar lo peor de cada individuo, el mal en estado puro. En la película no se distingue entre los dos bandos, ambos son iguales, ambos sufren, por ambos se siente angustia.
La obra de Malick, muestra lo que es la Guerra, cómo se comportan los hombres en esa situación límite, el miedo que sienten ante la incertidumbre de lo que les espera al minuto siguiente, cómo cada uno busca en su interior para encontrar algo a que agarrarse ante la adversidad, sea la religión, sea el amor hacia su esposa, o sea el placer del deber cumplido.
Y todo esto narrado como si de poesía en movimiento se tratase, con un prólogo como pocas veces hemos tenido ocasión de ver, un prólogo que ya no muestra lo que veremos en las casi tres horas siguientes, la descripción de un escenario muy similar al ‘paraíso terrenal’. Malick no utiliza una narrativa fílmica al uso, como maestro consumado que domina la imagen a la perfección, ofrece una sucesión de poemas visuales que unidos forman un todo tan asombroso como fascinante. Podemos recordar al aborigen caminando junto a los soldados como si aquello no fuera con él (de hecho no iba)... Ese soldado sepultado, cuya cabeza asoma entre la tierra... Los insertos de animales autóctonos, como el ave agonizando en uno de los momentos más crudos del film... Los momentos de sol y los momentos nublados, reflejo del estado de ánimo global... Y así sucesivamente hasta una lista interminable que fácilmente podría llegar al centenar.
Y el guión, pocas veces podemos ver un director de tan altísimo nivel, que además sea capaz de escribir previamente lo que posteriormente plasmará en imágenes; pero Malick una vez más rompe moldes con un guión tan soberbio, tan perfecto, tan personal, que nadie podría haber escrito sin que la película se resintiese, sin que perdiera parte de su fuerza, de su concepto, de estética. Ese uso del monólogo interior, casi constante en la obra, en contraposición a la escasez de diálogo... Ese uso de la naturaleza, de los escenarios paradisiacos, como personajes vivos, mucho más vivos que alguno de los personajes...
Si hablamos del cuadro artístico debemos apuntar el excelente nivel de calidad de todos ellos, pero tal vez debamos extraer algunas composiciones del conjunto de estrellas que no quisieron perderse la ocasión (tal vez) única de trabajar bajo las órdenes de Malick: Jin Cavezel, como Witt, el hombre que conoce el paraíso y el amor en estado puro, pero que es capaz de ser un héroe en el campo de batalla llegado el momento; Elias Koteas como ese capitán incapaz de sobreponerse a las bajas de su pelotón; Nick Nolte, un Coronel que intenta tener su ocasión en la historia a cualquier precio; y finalmente un Sean Penn prodigioso, como ese sargento aparentemente insensible que realmente no lo es tanto.
Del cuadro técnico podríamos analizar caso por caso y la conclusión sería siempre la misma: excelente trabajo con logro total de metas. Pero hay dos nombres que no podemos olvidar en este repaso, dos profesionales que posiblemente sean los que más han aportado a esta cinta después de su creador Terrence Malick. En primer lugar Hans Zimmer que ha realizado el trabajo de su vida, la composición que consagra a un creador musical como un maestro indiscutible e indiscutido; asombrosa la simbiosis de una composición que tiene ‘vida’ por si misma, pero que en la película sirve como impresionante acompañamiento a unas imágenes, sin destacar en ningún momento del conjunto, pero aportando siempre el matiz necesario. El segundo punto a destacar es la fotografía, obra de John Toll que con su saber hacer logra algunas de las imágenes más bellas vistas en un cine, con unos escenarios naturales de una belleza indescriptible; imágenes y escenarios que de la mano de Malick se convertirán en un personaje más de esta película.
Podría escribir un libro sobre esta película y sobre el trabajo de Terrence Malick, pero usted lector tal vez acabase cansado, así que termino y resumo: No sé si viviré 20 años más, pero gustoso esperaré si este es el resultado encontrado, aunque lamentaré siempre no poder disfrutar más obras de este peculiar realizador. Gracias Señor Malick por lo que nos ha dado, gracias a la Fox por financiar este proyecto. Normalmente aquí viene la recomendación para todos los aficionados sin excepción; pero en este caso sería quedarse corto. LA DELGADA LINEA ROJA es una obra maestra definitiva, desconozco si estamos ante la mejor película bélica de la historia, posiblemente sí lo estemos, pero si puedo afirmar que a partir de hoy el género ha dado su última palabra. Tras lo expuesto ¿Qué más puedo decir? Simplemente una creencia: es una suerte poder ir a un cine a ver una película así, es una suerte comprobar que el cine, pese a todo, aún puede ser arte.
© Carlos Infante, 1999

Basada en la novela de James Jones, LA DELGADA LÍNEA ROJA narra la historia de un grupo de hombres, una compañía de fusileros del ejército llamada "C de Charlie" que, durante la despiadada batalla de Guadalcanal, en la Segunda Guerra Mundial, sufren grandes cambios, padecen y, en última instancia, descubren aspectos fundamentales de sí mismos La historia narra el envío de nuevas unidades del ejército para proceder al revelo de las unidades de infantería de marina agotadas por el combate. Cuenta su odisea, desde el momento en que, sorprendentemente, desembarcan sin oposición, hasta el regreso final de los que han logrado sobrevivir, pasando por las sangrientas y agotadoras batallas posteriores al desembarco.
El relato es más que la mera historia de un grupo de soldados que combaten en una batalla clave, la que por fin pondría freno al avance de los japoneses a través de las islas del Pacífico. El argumento examina los intensos vínculos que nacen entre unos hombres sometidos a tremendas tensiones, incluso al mal; para Jones, que sirvió en Guadalcanal en una unidad del ejército, los sentimientos y emociones de los soldados acabaron transformándose en nada menos que un cierto sentido de amor… de familia. Los horrores de la guerra les ayudaron a perder la idea de sí mismos y del mundo que los rodeaba. Ya no luchaban sólo por motivos patrióticos, ni por el mundo exterior y sus conflictos, que los habían llevado allí; luchaban por su propia supervivencia y por los hombres que tenían a su lado.
LA DELGADA LÍNEA ROJA supone el regreso de Terrence Malick, quien además es autor del guión, a la silla del director. Malick había realizado anteriormente dos películas: Malas Tierras y Días del Cielo. Por esta última, obtuvo la consideración de Mejor Director por parte de los Críticos Cinematográficos de Nueva York, los Críticos Cinematográficos Nacionales y el Festival de Cine de Cannes. Malick fue alumno del Centro de Estudios Cinematográficos Avanzados, que forma parte del Instituto Cinematográfico Norteamericano (AFI), donde conoció a George Stevens, Jr , fundador del AFI y productor ejecutivo de LA DELGADA LÍNEA ROJA.
La adaptación que hace Malick de la obra de Jones, añade un nuevo hilo argumental, ya que nos hace enormemente conscientes del medio ambiente, tanto físico como antropológico, en el que se desarrollaron estos combates. La película nos presenta la yuxtaposición de una cruenta batalla mecanizada, al lado de la naturaleza virgen en que tiene lugar, en donde las fuerzas de destrucción colisionan con un pueblo que vive en apacible armonía con la naturaleza que les rodea: los melanesios de las islas Salomón, cuya forma de vida gira en torno a la familia y a la tranquilidad.
En 1988 Malick sugirió la idea de adaptar la novela de James Jones a los productores Robert Michael Geisler y John Roberdeau, quienes acto seguido se dirigieron a Gloria Jones, la viuda del autor, y adquirieron los correspondientes derechos. Después, Geisler y Roberdeau se pusieron en contacto con Mike Medavoy, amigo y antiguo agente de Malick, a la vez que presidente de Phoenix Pictures, para que les ayudara a desarrollar, producir y allegar recursos financieros para la película.
Al principio, Malick sólo había pretendido escribir el guión. Lo cuentan George Stevens, Jr. y Mike Medavoy: "Inicialmente, la dirección no formaba parte de los planes de Terry, pero a medida que fue pasando el tiempo, decidió que LA DELGADA LÍNEA ROJA sería la próxima película que dirigiese". En septiembre de 1996, Malick y Phoenix presentaron la idea al productor Grant Hill, quien se hallaba ocupado con Titanic en Rosarito Beach, México. "Terrence y yo entablamos una estrecha relación telefónica -comenta Hill-, y me alegró mucho que me invitase a sumarme a él."
Fox 2000 Pictures, bajo la capitanía de su presidenta, Laura Ziskin, se unió a la empresa, y la película recibió la "luz verde". "Antes de que nos hubiéramos dado cuenta -afirman Medavoy y Stevens,- ya estábamos en Australia, rodando la película".
Una de las principales preocupaciones de Malick en esta etapa del proyecto era la de reunir a un compacto grupo de viejos amigos y colaboradores: el diseñador de producción Jack Fisk, el primer ayudante de dirección Skip Cosper, la directora de reparto Dianne Crittenden y el montador Billy Weber, habían trabajado, todos sin excepción, en las anteriores películas de Malick. A este equipo se sumaron dos ganadores del Oscar®: el director de fotografía John Toll y el compositor Hans Zimmer.
A Fisk, que había sido diseñador de Malas Tierras y Días del Cielo, la oportunidad de reunirse con Malick le pareció irresistible. "Cuando llegó a mis oídos que Terry se disponía a hacer otra película, la sola posibilidad de que otra persona se hiciera cargo del diseño me hizo sentir celos. Así que le mandé un fax, diciéndole que por fin me había recuperado de Días del Cielo (en la que ambos habían colaborado hacía veinte años), y que estaría encantado de volver a trabajar con él".
LA DELGADA LÍNEA ROJA reúne también a un extraordinario reparto de actores que dan vida a los soldados de la Compañía 'C de Charlie' y a los oficiales que los envían al combate. Entre ellos figuran Sean Penn, Jim Caviezel, Ben Chaplin, George Clooney, John Cusack, Woody Harrelson, Elias Koteas y Nick Nolte. Dice George Stevens, Jr.: "No recuerdo una película como ésta en la que tanto intérpretes destacados estuvieran dispuestos a aceptar cualquier papel que se les ofreciese. Suponía una inmejorable oportunidad para Terry". "Creo que había dos razones para ello -prosigue Stevens-. Una, era su admiración por el argumento y el guión. La otra, por supuesto, era que cada uno de ellos sentía un fuerte deseo de trabajar con Terry Malick".
El conocimiento de los actores y la valoración de su trabajo por parte de Malick también contribuyó de forma señalada a la formación del elenco. "Terry conoce a muchos actores personalmente y mantiene una excelente relación con ellos" -observa Hill. La idea que el director tenía de la historia y los personajes fue otro incentivo más. "Me atrevería a afirmar que todos querían participar de la idea de Terry -añade Hill-, y tener la oportunidad de experimentar una forma de dirigir diferente y gratificante".
Los miembros del reparto estaban encantados de interpretar cualquier papel, grande o pequeño, con tal de tener la ocasión de trabajar en LA DELGADA LÍNEA ROJA. Nick Nolte, que interpreta al coronel Tall, asegura: "Ha sido un gran placer haber trabajado con Terry. Ha rodado muy pocas películas, de modo que cuando dirige parece que ésa vaya a ser la última que haga. Por eso no acepta medias tintas". Ben Chaplin lo corrobora: "Acepté el papel del soldado Bell sin dudarlo. Las primeras dos películas de Terrence llegaron a ser clásicos, y yo sabía que LA DELGADA LÍNEA ROJA sería una oportunidad de las que sólo se presentan una vez en la vida".
Woody Harrelson, que interpreta al sargento Keck, asiente: "Da gusto trabajar con Terry. Siempre he creído que si se quiere que una película salga bien, hace falta que quienes participan en ella sean algo parecido a una familia. Ése fue precisamente el ambiente que Terry creó". Si bien estaban satisfechos con la cantidad de estrellas de talento que se iban sumando al proyecto, los realizadores estaban decididos a encontrar algunos rostros relativamente nuevos para papeles importantes. Los más de cincuenta papeles con diálogo hicieron que el proceso de selección de actores fuera largo y exhaustivo.
Entre los nuevos "reclutas" estaba Jim Caviezel, que se hace cargo del papel del soldado Witt, de Kentucky. No se le ocultó al joven actor la oportunidad que se le presentaba. "Me consideré muy afortunado no sólo por participar en esta película, sino también por haber interpretado el papel de Witt; es un auténtico héroe y un personaje al que resulta maravilloso interpretar".
Ya que Guadalcanal no podía acoger a todo el equipo de una película, por no mencionar otras consideraciones de orden logístico, LA DELGADA LÍNEA ROJA se filmó en su mayor parte en el bosque ecuatorial de Daintree, situado en Queensland (Australia). Al rodaje en Queensland siguieron cuatro semanas cruciales de trabajo en Guadalcanal.
En Australia, más de doscientos actores y extras con equipo de combate, tuvieron la ocasión de demostrar sus habilidades a las órdenes de dos unidades de producción que trabajaban simultáneamente. El escenario de Queensland resultó ideal, al menos por dos razones. Según George Stevens, Jr., un afamado realizador por derecho propio, "contábamos con un equipo australiano cuyos miembros tenían recursos y talento, y que no pensaban en descansar hasta que el trabajo estuviera bien hecho".
Por si no bastase, el escenario australiano, con sus campos de hierba al lado del mar guardaba un estrecho parecido con la topografía de Guadalcanal. Pero esa misma hierba (y una explotación ganadera cercana) también supusieron algunos retos especiales. "Continuamente teníamos que estar ocultando las vacas, y evitar que se comiesen los decorados" -recuerda Jack Fisk. Puesto que la mayor parte de la batalla se libró en esos campos de hierba, el equipo de realización hubo de conseguir rejuvenecer la hierba y que ésta siguiera creciendo durante casi cinco meses. "También transplantamos hierba y la hicimos mullida -dice Fisk-. Aprendimos alguno trucos sensacionales para que durase cuanto fuera posible". El reto del paisaje fue, naturalmente, tan sólo una pequeña parte de las responsabilidades de Fisk en Australia. Como el attrezzo y el vestuario de la época andaban escasos, Fisk y los demás artistas de producción tuvieron que fabricar prácticamente todo partiendo de cero, incluidos siete aviones, dos mil uniformes que se ajustasen a las especificaciones militares originales, fusiles, tiendas… incluso una pista de aterrizaje y una plantación.
Pero quizá, el mayor reto de todos era que Fisk previera el siguiente movimiento de Malick. "No es fácil predecir lo que va a hacer Terry, pero por eso me encanta trabajar con él -asegura, entusiasmado, Fisk-. Su enfoque es extraordinario; ve las cosas de manera diferente a la de las demás personas."
"El trabajo de Terry comienza de verdad cuando llega al plató y lo ve repleto de actores y extras -continúa Fisk-. Entonces empezamos nosotros a cambiar las cosas de un sitio a otro y a moldearlas de acuerdo con lo que él ha visto. Es un proceso muy orgánico e impredecible, y gran parte de él dependía de la luz".
Con tal fin, el director de fotografía John Toll, un doble ganador de los Oscars® Premio de la Academia (por Leyendas de Pasión y por Braveheart), contribuyó significativamente al aspecto de la película. Lo explica George Stevens: "John es un director de fotografía de una imaginación y unos recursos increíbles. Al principio del rodaje, Terry y John decidieron fotografiar principalmente usando luz natural para que la película tuviera un aspecto distintivo; John lo ejecutó con una habilidad admirable, en las condiciones más duras".
Los singulares métodos de Malick también impresionaron a los actores; entre ellos, a John Cusack, que encarna al capitán John Gaff. "Desde luego no podía uno aburrirse con Terry -indica Cusack-. Es muy intuitivo; a veces, cuando nos hallábamos en medio de una toma, de repente veía algo interesante en otro sitio y allá que se iba derecho a fotografiarlo".
A pesar de que los realizadores trajeran a algunos melanesios desde las islas Salomón al lugar de rodaje en Queensland a fin de añadir algo de realismo, les pareció desde el principio que no era suficiente para retratar los especiales rasgos de ese pueblo y de su país. Por lo tanto, para garantizar la autenticidad, destacar la riqueza cultural de los nativos y transmitir mejor los temas del argumento, se decidió durante la preproducción filmar algunas escenas fundamentales en las partes más remotas y menos accesibles de Guadalcanal.
La historia de los habitantes melanesios de Guadalcanal, y de los efectos que la guerra tuvo sobre ellos, es una de las que no se recogen en otros relatos de la Segunda Guerra Mundial. Esta cultura era tan ajena a los soldados que llegaban, como, por supuesto, lo eran los soldados para los melanesios. Y la dulzura del pueblo melanesio y su forma de vida brindaban un vivo y con frecuencia espeluznante contraste con la escala de la destrucción bélica que les rodeaba. "Pensamos que este contraste era un importante elemento de nuestra película, y para sacarlo a la luz teníamos que rodar al menos una parte del filme en Guadalcanal, entre los melanesios" -nos explica Fisk.
Los realizadores descubrieron que los melanesios eran unos anfitriones muy hospitalarios y generosos. Mas, como no era para menos, necesitaron algún tiempo para habituarse a sus costumbres. Fisk explica que "ellos viven en clanes y piensan en comité, lo que hacía difícil negociar el uso de la tierra, dado que tan gran número de miembros de la familia tenían que tomar parte".
El trabajo y la investigación sobre Guadalcanal habían comenzado mucho antes que la fotografía principal. Durante la preproducción, Malick, Hill, Fisk y Toll realizaron varios reconocimientos de la isla, con la asistencia de un antropólogo francés allí radicado que ayudó a poner a los realizadores en contacto con los melanesios. Durante aquellas primeras visitas, a los realizadores les resultó particularmente emocionante descubrir que Guadalcanal había cambiado muy poco en los más de cincuenta años transcurridos desde el final de la batalla. (Gran parte de la isla conserva, de hecho, el mismo aspecto que tenía a la llegada del capitán Cook hace ya varios siglos. Parte del triste motivo para tan pequeño cambio se debe a que en las islas Salomón se registra el mayor número de casos de malaria endémica; a su vez, esto redujo al mínimo el comercio y el turismo). Los campos de batalla y las trincheras permanecían intactas: las raciones "C", la metralla y las granadas de la Segunda Guerra Mundial todavía yacían abandonadas en la zona. Los realizadores descubrieron en todo esto una fuente de inspiración, reafirmando su determinación de rodar allí al menos una parte de la película.
Más adelante, el equipo de dirección formó lo que ellos llamaron una "unidad antropológica", compuesta por un cámara de documentales y su equipo, formado por tres o cuatro personas. Esta unidad se trasladó a Guadalcanal, donde se alojaron en dos de las aldeas de la periferia. "Nos trajeron unas tomas maravillosas que nos habría sido imposible haber obtenido de cualquier otra manera" -asegura Grant Hill. El trabajo de la unidad acabó diseminado a lo largo de la película, proporcionando un metraje clave acerca de los melanesios y su cultura.
El rodaje con actores tuvo lugar en una auténtica aldea melanesia, pero el traslado a otro escenario en Guadalcanal hizo precisa la construcción de una nueva aldea, para lo cual Fisk se basó en las extensas investigaciones antropológicas sobre la época que él había realizado. Los nativos ayudaron al departamento artístico a levantar las chozas, e incluso vivieron en ellas durante un tiempo mientras duraba la construcción.
Aunque los melanesios disfrutaran viendo la nueva aldea que se alzaba a su alrededor, la velocidad con la que era levantada fue toda una impresión. "Normalmente, se emplean unas cinco semanas en edificar una casa normal en Guadalcanal -nos explica Fisk-, y nosotros construimos catorce o quince en cinco días". Según dice Fisk, buena parte del diseño de la película provenía de la misma isla. "Todos los colores surgieron de Guadalcanal y de la presencia militar que aún se notaba desde la Segunda Guerra Mundial -añade Fisk-. El aspecto militar y sus colores se mezclaban sin problemas con la isla ya que toda ella tenía algo de caqui y verde camuflaje".
Fisk se esforzó igualmente por dar a todo la cualidad de las cosas hechas a mano, lo que contribuyó a retratar las tres culturas que entraron en relación (y en conflicto) en aquella época. Las tiendas de los soldados norteamericanos, las aldeas melanesias y el enmascaramiento y las fortificaciones de las fuerzas japonesas, cuentan todas ellas, a su manera, sus propias y complementarias historias de un paraíso atrapado en medio de dos fuerzas aplastantes.
A pesar de su monumental escala, sus exóticos escenarios y al amplio reparto de actores, la producción de LA DELGADA LÍNEA ROJA se completó en el calendario previsto y sin sobrepasar el presupuesto.

Aunque pueda parecerlo, LA DELGADA LINEA ROJA no es una película más de guerra. Como consecuencia, tampoco puede tener una banda sonora convencional. Hans Zimmer, más conocido por sus trabajos anteriores en películas de acción (“Backdraft”), comedias (“As good as it gets”) y animación (“The Prince of Egypt”), aporta un trabajo que escapa a todo lo que hemos escuchado hasta la fecha compuesto por este compositor.
Nominada al Oscar el mismo año de “Saving private Ryan”, no tuvo tanta resonancia como ésta. Tras una audición de ambas podemos comprobar como a pesar de la fuerza que tiene el primer tema de la composición de John Williams (“Hymn to the fallen”), la partitura de Zimmer muestra una mayor variedad conceptual, así como una perfecta adaptación a las imágenes que acompaña.
Este ‘score’ debía ajustarse a una nueva perspectiva en lo que a películas bélicas se refiere. El tono intimista con que trata Malick la historia, se refleja en la línea narrativa que en la parte ambiental. De esta forma la música llega a convertirse, en determinados fragmentos del film en el verdadero protagonista de la historia, junto con la fotografía. Y es aquí quizá donde se encuentra la paradoja.
En THE THIN RED LINE no existe un ‘tema central’, y aún así hay un ‘algo’ que identifica este ‘score’ en forma compacta y homogénea: su fuerza descriptiva. Nos encontramos ante una composición que no deja indiferente al oyente. Sus fuertes contrastes, desde una suavidad que se hace casi imperceptible, hasta momentos realmente sobrecogedores, ajustándose, en todo momento, perfectamente a las imágenes, sin por ello perder la autonomía como composición musical..
Desde el primer corte, “The coral atoll”, un tema que avanza progresivamente desde un ‘silencio’; podemos apreciar el uso que Zimmer hará en esta composición de las cuerdas. La segunda pista, “The lagoon”, comienza con un canto indígena, que también encontraremos más adelante en el cd; en este fragmento nos ubica en medio de ese esa selva que estará presente durante toda la película, donde se el contraste entre el horror de la guerra y la belleza de la naturaleza.
Pero es quizá en “Journey to the line” donde Zimmer logra una mayor fuerza en su composición, empezando con un ritmo de reloj que va alimentándose con más y más cuerdas, hasta llegar a un punto en que, sumados todos, vuelve a bajar de ritmo, regresando a la tranquilidad lógica después de una tormenta.
A partir de aquí, encontramos las pistas que comienzan con un tono más alegre: “Light”, donde nos sentimos desconectados de la batalla, para sumergirnos en ese paisaje lleno de vegetación y agua, para terminar con una melancolía que refleja los sentimientos de los protagonistas.
En pistas como “Beam” (compuesta por John Powell) y “Air” volvemos a sentirnos dentro de la guerra, ahogados en la tensión que precede al combate, proporcionada de nuevo por el uso de cuerdas, esta vez sin llegar a sonidos agudos, sino que se manteniendo un tono triste, acompañadas por tambores y campanas que, seguidos por sintetizadores, nos introducen en la batalla en la siguiente pista, “Stone in my heart”, donde se mezclan todos los instrumentos: cuerda, viento y percusión.
En el octavo corte, “The village”, podemos sentir la esperanza, las cuerdas con sus sonidos agudos, y una arpa sonando al fondo, subiendo de volumen, para acabar con “Silence”, donde volvemos a sentir la fuerza de la tercera pista, que se desvanece de nuevo al final, para llevarnos de nuevo a la realidad, el silencio de después de la batalla.
Acompañando la banda sonora de Hans Zimmer, encontramos un fragmento, de “God u tekem laef blong mi”, un canto indígena; “Beam”, compuesta por John Powell y “Sit back and relax”, compuesta por Francesco Lupica. Este último, a pesar de mantener el fondo de tensión que introduce Zimmer, se percibe claramente diferente al resto del score, pero nos muestra, también con su nombre, que lo único que hacemos ante todo el horror de la guerra, es sentarnos y mirar de la barrera.
LA DELGADA LÍNEA ROJA es la obra más personal de Zimmer. En ella no abandona los sintetizadores, con los que ha trabajado desde sus inicios, pero se introduce en un mundo melódico-sinfónico que lo aleja de sus trabajos anteriores y evidencia, aún más si cabe, de lo que es capaz con una orquesta delante.
Merecedora de un Oscar que no consiguió, debemos conformarnos viéndola premiada con la ‘nominación’ recibida. Pero, pero de lo que no hay duda es que estamos ante un motivo añadido para tomar más en cuenta a este compositor de ahora en adelante.
Mónica Vila