Directores "Inventor del futuro" por Jose María Íñigo
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Odio caer en el tópico de lanzar a los cuatro vientos las múltiples cualidades de alguien cuando éste ha muerto. Es como si la muerte redimiera al finado de su lado malo y su ausencia de este mundo le purificara para la eternidad. Iván Zulueta ha muerto. Joven, como seguramente era previsible.
Nuestro primer contacto fue como un amor, profesional, a primera vista. Él buscaba a alguien que supiera de música y pudiera transmitir su mensaje y a mí él me pareció un tipo con un talento inacabable. A los cinco minutos de charla, en su piso en la Torre de Madrid, todo un lujo para la época -año 1968-, acepté su propuesta de presentar para la Segunda Cadena de TVE, el UHF, Último grito, un programa iconoclasta, rompedor, nada que ver con la tele de aquellos momentos. Iván sabía lo que quería. Él mismo dibujó sobre el celuloide los monigotes de la presentación, elegía los escenarios, redactaba el guión, disfrutaba pensando en cómo sorprender al espectador. Y lo conseguía en cada emisión.
El programa fue un éxito, gracias a él, y supuso mi lanzamiento al mundo televisivo. Se lo agradezco. Iván desbordaba pasión, entrega, talento. Era un adelantado a su tiempo, a la estética del momento. Inventó el videoclip una década antes de que pensaran en él en el mundo. Vació de gentes y vehículos la Gran Vía de Madrid para rodar con Fleetwod Mac, un grupo británico. No fue Amenábar el primero en hacerlo, sino Iván.
El éxito de Último grito nos llevó a rodar la película Un, dos, tres al escondite inglés casi sin presupuesto, con la generosidad de los actores participantes en la cinta: creo que ninguno cobramos. No había dinero. Iván diseñó y pintó los decorados, hizo el grafismo de la presentación. Sólo por el entusiasmo de estar junto a Zulueta, Patty Shepard, Antonio Drove, José Luis Borau, Antonio Gasset, Mercedes Juste, María Isbert, Tina Sainz y muchos más hicimos esta cinta que aún se pasa en las filmotecas como ejemplo de un cine innovador. El añorado Luis Cuadrado era el director de fotografía y Vainica Doble, autores e intérpretes de la música de inicio.
Durante el rodaje nos llegamos a conocer mucho. Aunque Iván siempre se callaba gran parte de su intimidad, rezumaba talento y pasión por lo que hacía. Disfrutaba dirigiendo cine, haciendo televisión, pintando y dibujando. Era un artista de ideas avanzadas, el inventor de un tiempo que aún no había llegado. Hablaba mucho de su abuela que financiaba, decía, su apartamento en Madrid. Y que le permitía sentirse libre de ataduras laborales. Hacía lo que quería. Dejaba correr su imaginación. Y su pasión por sus ideas nos contagiaba a todos. Anárquico y genial, nunca tuvo -esa impresión me dio siempre- mucha fé en el futuro. Le recordaré con cariño y agradecimiento por la amistad que me brindó y porque mi carrera televisiva se la debo en gran parte a él.
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