Sábado, 31 de Julio de 2010
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El más aplaudido de los cineastas españoles de vanguardia murió ayer a los 66 años. Director, cartelista y fotógrafo, fue puro «malditismo».
 
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El arrebato final de Iván Zulueta
 

MIRADA INDÓMITA: Iván Zulueta, en 2005 en Madrid, donde se presentó una exposición de sus fotografías

Madrid - Genial, huraño, original, caótico, huidizo... Iván Zulueta respondió a todos los tópicos del talento, el de verdad, el que no se profana con exhibicionismos sino que se invierte en crear. Director de culto, cartelista (suyos son algunos de los pósters de filmes de Almodóvar y Borau) y diseñador gráfico, creador libérrimo del experimentalismo y la vanguardia en los años 70 y 80 en España, Zulueta falleció ayer en San Sebastián a los 66 años. Deja una carrera larga pero poco prolija, en la que sobresalen un puñado de títulos y, entre ellos, uno, «Arrebato», una joya del cine español.

Diseño y censura

Nacido en la capital vasca en 1943, en el seno de una familia burguesa de intereses artísticos (su padre fue director del Festival de Cine de San Sebastián), Zulueta estudió con los Padres Marianistas antes de trasladarse a Madrid en 1960. Allí se matriculó en el Centro Español de Nuevas Profesiones para estudiar Decoración. Un viaje a Nueva York en 1963 le abre los ojos al Pop Art, la Nouvelle Vague y el New American Cinema. A su regreso, en 1964, se apunta a la Escuela de Cinematografía, comenzando así una relación a tres bandas entre el celuloide, el arte y el diseño que marcaría su carrera. Su paso por la EOC le sirvió para conocer a José Luis Borau, su profesor de guión y mentor a lo largo de su carrera. Dos cortometrajes, «Ágata» (1966») e «Ida y vuelta» (1967», éste censurado y que le llevó a abandonar la institución sin licenciarse, fueron el paso previo para la dirección del programa televisivo «Último grito» y el salto a su primer largometraje «Un, dos, tres, al escondite inglés» (1969), una parodia de Eurovisión que se vio en Cannes ese año y uno más tarde en España. Como Zulueta aún no podía figurar –cosas de la censura y de no estar «sindicado»– Borau aparece en los títulos de crédito como productor.

Siguió trabajando, para otros, como cámara, con Almodóvar, por ejemplo, en en «El sueño (o la estrella)» (1975), como ayudante de dirección, con Ricardo Franco («Los restos del naufragio», 1978) o Jaime Chávarri («Vestida de tul», 1975), o en sus propios proyectos, como el corto «Leo es pardo» (1976).

Su cumbre llegó a continuación: «Arrebato», estrenada en 1980 en el Cine Azul de Madrid. Un filme experimental, hoy en día considerado de culto, sobre una obsesión vital. Heroína, sexo, cámaras de súper 8 que devoran el alma... Fue el éxito de esta historia oscura y abstracta de vampirismo cinematográfico protagonizada por Eusebio Poncela, Will More y Marta Fernández-Muro el que empujó a Zulueta a una extraña reclusión. O la necesidad de superar sus propios problemas con la droga y cuidar una salud frágil. Aunque intentó en alguna ocasión seguir, «Arrebato», su último largometraje, sería a la postre el final. Desde los últimos 70 sí rodó en cambio unos cuantos cortometrajes, como «Tea for Two» (1978), y «La taquillera», ese mismo año.

En paralelo, desarrolló una obra gráfica que viajó del cartelismo cinematográfico a la fotografía y que en los últimos años se convirtió en su principal actividad. Los carteles de «Leo», «Furtivos» y «Camada negra», de José Luis Borau, «Laberinto de pasiones» (1982), «Entre tinieblas» (1983) y «¿Qué he hecho yo para   merecer esto?» (1984), de Pedro Almodóvar, o «Ataque verbal», de Miguel Albaladejo, son algunas de sus creaciones.

Siempre poliédrico y marginal, Zulueta participa en proyectos de guión, como «Delirios de amor» (1988), con Luis Eduardo Aute, se prodiga en exposiciones y retrospectivas como la que le dedica el Festival de Alcalá de Henares, recibe el homenaje de ciudades como Valencia y Toronto y comienza a ser venerado. De 1993 a 1997 vive «Años bárbaros. Años oscuros. Años de heroína», como reconoce su propia página web. Ese año San Sebastián proyectó «Arrebato».

Entre sus trabajos se encuentran la exposición gráfica-plástica en el centro Koldo Mitxelena Kulturunea de Donostia-San Sebastián, el cartel homenaje a Stanley Kubrick y a «2001: una odisea del espacio», y el que se encargó para la reposición de «El tercer hombre» de David Lean.

Zulueta tenía desde hace años una delicada salud. Hace dos días ingresó en el Hospital Donostia de la capital guipuzcoana con una dolencia en una pierna, de la que sufría en los últimos tiempos. Ayer, pasadas las 06.30 horas, falleció. El funeral tendrá lugar el 4 de enero en la iglesia de San Sebastián del barrio donostiarra de El Antiguo. Sus restos serán incinerados y las cenizas se quedarán en la familia. Zulueta ha muerto «muy tranquilo», explicó a Efe Virginia López Montenegro, viuda del pintor Vicente Ameztoy y amiga del realizador.

López Montenegro ha indicado que el director tenía programada una entrevista hace tres días para el proyecto «Del Éxtasis al Arrebato», sobre el cine experimental español, pero tuvo que cancelarla porque ya no se encontraba bien. Ésa es la historia de su vida: proyectos cancelados, una existencia genial y arrebatada, desordenada y sin concesiones.

Un rodaje de pesadilla

El lugar elegido fue la finca «La Mata», propiedad de Jaime Chávarri. Allí se rodó «Arrebato», que iba a ser un corto y acabó convertido en pesadilla de los productores. Fue uno de esos rodajes que merecen una película en sí mismos: los tres millones de pesetas que puso un arquitecto leonés se convirtieron en 14, y los dos días de rodaje en dos semanas, caóticas y anárquicas. El 9 de junio de 1980 en el cine Azul de Madrid se estrena el filme. «La noche será larga y algunos de los invitados acaban en las dependencias de la Dirección General de Seguridad», cuenta la web del cineasta. Fue premiada en Fantasporto y en 1982 logró el Premio de la Crítica. Cannes y Berlín la rechazan por considerarla «extrema y terminal».


Fuente: Miguel Ayanz – LA RAZON, 31 de diciembre de 2009

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