Sábado, 31 de Julio de 2010
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Fallece Iván Zulueta, el responsable de la turbadora 'Arrebato', un clásico de culto. El director donostiarra dejó prácticamente de rodar en 1980
 
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El cine español pierde a su genio maldito
 

El director Iván Zulueta en la presentación de una exposición sobre su obra en 2005

Madrid - «En un intento desesperado por ser arrebatado al otro lado del espejo». Con esta frase concluía Iván Zulueta la sinopsis de Arrebato. Lo hacía de su puño y letra sobre las últimas páginas del guión. En ese instante preciso, la película cumplía la profecía. El director, nacido Juan Ricardo Miguel Zulueta Vergarajauregui en 1943, era literalmente vampirizado por su propia obra. Arrebatado. Nunca más volvería a rodar (salvo un par de trabajos para televisión). Jamás regresaría del otro lado. Y en el medio, y para siempre, la película más influyente, relevante e inclasificable que ha dado el cine español. De culto, dicen las almas paganas. «No me arriesgo a verla mucho. Me duele demasiado», dijo en su última comparecencia el año pasado.

Ayer, a las seis y media de la mañana, Iván Zulueta, a la edad de 66 años, moría. El director, que padecía desde hace años una delicada salud, ingresó hace dos días en el Hospital Donostia de la capital guipuzcoana con una dolencia en una pierna. Ha muerto «muy tranquilo», explicó a Efe Virginia López Montenegro, amiga del realizador. Zulueta tenía programada una entrevista hace tres días para el proyecto Del éxtasis al arrebato sobre el cine experimental español. La canceló.

Todo empezó en 1980. Ese mismo día nació algo así como un mito. En la Gran Vía madrileña, en el desaparecido cine Azul, vio la luz una extraña película. La crítica se mostró unánime: el horror. «Fue así», recordaba hace poco su productor Augusto M. Torres. «Poco después se proyectó en el cine Alphaville [hoy Golem] y ahí sí tuvo cierto éxito. Pero tampoco conviene exagerar. Durante mucho tiempo se proyectó con los rollos cambiados. Luego, 20 años después, se volvió a programar y ya era 'una obra maestra', a decir de la crítica». Y ahí sigue.

¿Y por qué tanto revuelo? ¿Por qué sigue siendo tan transgresor y tan moderno ese extraño y húmedo artefacto en el que se dan cita elementos tan dispares como el vampirismo, la adicción a la heroína, la cinefilia, Pedro Páramo de Juan Rulfo o El retrato oval de Poe? El actor Eusebio Poncela, protagonista y alter ego del director, se confesaba incapaz de dar una contestación en la presentación del DVD de la cinta en junio del año pasado. «Lo único que puedo decir es que con Arrebato descubrí el cine. Entendí cómo se conecta el cine y la vida, mi vida».

La actriz Marta Fernández Muro, la otra pieza clave del proyecto, se mostró ayer soprendida y sobrepasada por la noticia. «La película es tan grande porque habla de cosas que interesan a todos, de cosas eternas, de la infancia, de la muerte, de la vida... es un clásico». Mientras, hacía décadas, tres para ser precisos, que el propio director se mantenía atrapado en su callejón sin salida.

Su participación, allá por el año 1968 junto a José María Íñigo, en el programa televisivo Último grito, un vigoroso engendro entre la psicodelia y el aire puro; su programática película Un, dos, tres al escondite inglés, producida por José Luis Borau, o su trabajo como cartelista para toda la plana del Nuevo Cine español le tienen reservado, sin duda, un lugar de privilegio en la historia del cine español. Aunque no existiera Arrebato. Imposible imaginar las primeras películas de Almodóvar sin él. Sin su capacidad para herir con la imagen. Gran parte del violento golpe que supuso Furtivos, de Borau, en la retina acostumbrada al gris de la época proviene de su cartel.

Pero existe Arrebato. Y existe como la radical metáfora del vacío que es. La cinta de hecho no es sino la historia de un vampiro que arrebata la vida a la vez que otorga la eternidad. El propio cine (como la heroína) se convierte así en la carnal puesta en escena de un viaje al otro lado. ¿Por qué no ha hecho más cine? «Me metí en un mundo de drogas que me interesaba mucho. Lo tenía controlado y lo llevaba bien... Eso creía yo», confesó recientemente. Arrebato. Una obra arrebatadora y eterna. Desde el envés del espejo.


Fuente: Luis Martínez – EL MUNDO, 31 de diciembre de 2009

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