Sábado, 31 de Julio de 2010
Buscador
Lista de Correo
Suscribirse Darse de baja
La Segunda Guerra Mundial en el Cine
 
II Guerra Mundial

El cine de guerra durante la guerra
 

Gary Cooper en una escena de EL SARGENTO YORK

En un principio, la guerra había sido un tema espinoso para el cine americano, pero tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Hollywood se lanzó a él poniendo toda la carne en el asador.
 
Para comprender por qué Estados Unidos tardó tanto en entrar en la II Guerra Mundial, hace falta pensar en el terrible espectáculo de los doce millones de parados en el duro invierno de 1932-33 y en los diez millones que todavía había en 1938. El shock para la mentalidad americana fue enorme y profundo, y habría de tener repercusiones a largo plazo.

Norteamérica no era el único país partidario del aislacionismo. Ninguna otra nación de todo el mundo se mostró dispuesta a actuar cuando Italia invadió Abisinia en 1935, cuando Hitler volvió a ocupar los territorios del Rhin en 1936, o cuando tanto Italia como Alemania enviaron tropas para luchar al lado de Franco en la guerra civil española.

Después de que los japoneses invadieran el Norte de China en 1937, Roosevelt pronunció en Chicago un famoso discurso en el que pedía que se pusiese en «cuarentena» a los países agresores (o, dicho en otras palabras, que se implantase un embargo internacional contra Japón, Italia y Alemania) para que el «virus» de la guerra no infectase el hemisferio occidental.
 
Cuando, finalmente, estalló la guerra en Europa, Roosevelt comenzó la larga etapa de 27 meses que posteriormente calificaría como de «andar pisando huevos». El Congreso celebró inmediatamente una sesión especial para aprobar una cláusula que permitía a las potencias extranjeras adquirir armas en Estados Unidos, siempre que fuesen pagadas en metálico y transportadas en barcos no americanos. Esta medida estaba destinada a ayudar a Gran Bretaña que, desgraciadamente, carecía del dinero y de los buques necesarios para cumplir dichas normas.

Este fue un período difícil para Hollywood. Los grandes magnates de la industria conocían todos la encuesta Gallup, según la cual aunque un 84 por 100 de los norteamericanos deseaban la victoria aliada, el 96 por 100 opinaba que su país debía quedar al margen del conflicto. Esta contradicción casi paralizó la industria del cine.

En el verano de 1939, todos los estudios propusieron sus planes de producción de películas antinazis, sobre espionaje o sobre refugiados políticos.

La Warner, que había realizado la única película explícitamente antinazi del período de preguerra (Confessions of a Nazi Spy, 1939), fue advertida oficiosamente por el Gobierno de que no debía realizar más películas de esa clase. En abril de 1940 llegaron a Hollywood noticias de que diversos exhibidores polacos que habían proyectado Corifessions of a Nazi Spy habían sido ahorcados en los vestíbulos de sus propias salas.

La Warner se dedicó por tanto a enmascarar su postura antinazí realizando películas tales como The Sea Hawk (1940), en la que Errol Flynn, en el papel de un aguerrido bucanero, despierta a una somnolienta Inglaterra, que inflige una aplastante derrota a la Armada Invencible española, un claro paralelismo con la Luftwaffe y la Batalla de Inglaterra.

Cuando los alemanes se lanzaron a la «guerra relámpago», en 1940, aumentaron los enfrentamientos entre los aislacionistas y los partidarios de la intervención. Charles Lindbergh, el héroe de la aviación de los años 20, se mostró apasionadamente favorable a un aislacionismo total y advirtió que la participación americana en la guerra sería un desastre, dada la imposibilidad de vencer a las fuerzas armadas alemanas y la inevitabilidad del dominio alemán sobre Europa.
 
Cuando el presidente Roosevelt refutó sus opiniones, Lindbergh dimitió airadamente de su cargo de coronel de la fuerza aérea, Roosevelt ignoró este gesto de arrogancia. En la ciudad de Charlotte, Carolina del Norte, los vecinos de la Lindbergh Orive cambiaron el nombre de su calle por el de Avon Terrace.
 
Las victorias de Hitler en el Oeste fueron indudablemente negativas para Hollywood, Sólo en Holanda se cerraron de inmediato 1.400 cines, lo que representó un pérdida de dos millones y medio de dólares al año para las grandes compañías de cine americanas. Añadido a las pérdidas anteriormente experimentadas en partes de Escandinavia. Polonia. Italia. España y los Balcanes, eso significaba que, en total, habían perdido una cuarta parte de sus ingresos anuales, Para finales de 1940. y con las únicas excepciones de Suecia. Suiza y Portugal, toda Europa Continental quedó cerrada para las películas americanas.
 
Hollywood reflejó directamente las perplejidades y las preocupaciones de aquellos confusos días. A pesar de tratarse de una sátira de Hitler, El gran dictador (The Creat Dictalor, 1940), de Charles Chaplin, funcionaba mejor cuanto más se alejaba de los paralelismos políticos, mientras que su sensiblero final casaba mal con el tono de farsa que la película había mantenido hasta ese momento.
 
Dos títulos de la MGM, Escape y The Mortal Storm (ambas de 1940), se referían indirectamente a los horrores de la Alemania nazi, pero también eran un reflejo de la postura de Louis B, Mayer de evitar condenar abiertamente el fascismo por temor a represalias políticas y económicas.
 
El deseo angustioso de Roosevelt de ayudar a Gran Bretaña, que era en aquellos momentos víctima de los bombardeos nazis y de la guerra submarina, le movió a presentarse en 1940 a una tercera elección presidencial, algo sin precedentes en la historia de Estados Unidos, Tuvo que esperar a vencer en las urnas al candidato republicano, Wendell Willkie, para poder pronunciar vigorosos discursos a favor de una «Lend-Lease», una ley del Congreso que permitiese ayudar abiertamente a Gran Bretaña.

El creciente compromiso bélico de Roosevelt ayudó a las películas de Hollywood que abordaban el tema de la guerra, aunque la mayoría de ellas lo trataban de manera más bien ligera. Se produjeron tres comedias: El recluta enamorado (Caught in The Draft), con Bob Hope: Reclutas (Buck Privates), con Abbot y Costello, y A Yank in Ihe RAF, con Tyrone Power y Betty Grable (todas ellas de 1941). Las películas más serias, Flight Command (1940), con Rohert Taylor; Dive Bomber (1941), con Errol Flynn, y Vuelo de águilas (I Wanled Wings, 1941) , con Ray Mílland y William Holden, seguían apoyándose más en el melodrama hollywoodense tradicional que en el contenido ideológico.
 
Resultó, pues, sumamente estimulante que la película más taquillera de 1941 fuese la reflexiva Sargento York (Sergeant York), de Howard Hawks, centrada en un héroe de la I Guerra Mundial (interpretación por la que Gary Cooper obtuvo un Oscar), que superaba su pacifismo cuando se daba cuenta de que matar por la patria no era pecado a los ojos de Dios. El rápido ascenso del Sargento York al estatus de héroe de guerra parecía estar respaldado por la propia divinidad, y su decisión de luchar se convertía por implicación en una decisión de toda América.
 
La forma más sencilla que tenía Hollywood de abordar la guerra sin ofender a los aislacionistas consistía en realizar películas sobre Gran Bretaña, país con el que la mayoría de los norteamericanos simpatizaban, Lady Hamilton (The Hamilton Woman!), con Vivien Leigh y Laurence Olivier, tuvo un éxito inmediato a pesar del limitado presupuesto con que Alexander Korda la había realizado. El paralelismo histórico del triunfo de Inglaterra contra la amenaza de invasión de un tirano extranjero resultó particularmente atractivo para Winston Churchill que, en medio de la guerra, encontró incluso tiempo para enviar telegramas a Korda con «comentarios» y «sugerencias».
 
A pesar de los sentimientos pro-aliados del país en general, en el Congreso seguía habiendo un grupo pequeño pero significativo de obstinados aislacionistas. Hollywood tuvo buena prueba de ello en octubre de 1941 cuando los senadores Nye y Clark presentaron la resolución 152, que proponía la creación de un comité para investigar: «...Cualquier propaganda difundida a través de las películas.... destinada a influir en los sentimientos de la población en favor de la participación de Estados Unidos en la guerra europea».

De todas las películas que tantas preocupaciones y dolores de cabeza habían causado en Hollywood durante los dos años anteriores, se eligieron 17, que fueron proyectadas ante un grupo de políticos suspicaces, La Warner se vio condenada por haber producido Confessions of a Nazi Spy, Underground, Dive Bomber y Sargento York. La MGM se vio acusada de tener segundas intenciones durante la realización de Escape y The Mortal Storm, y la Fox mereció igualmente su reprobación por haber producido I Married a Nazi.

Hollywood se resignó a sufrir un duro rapapolvo. Se vio paradójicamente salvado por la intervención de los escuadrones aéreos japoneses que, en la madrugada del 7 de diciembre de 1941, hundieron o dañaron gravemente ocho acorazados y tres cruceros ligeros, dando muerte a 2.400 americanos en la desprevenida base naval de Pearl Harbor.

Este ataque por sorpresa disipó todas las dudas relativas a la conveniencia o no de que Estados Unidos entrase en la guerra. Hollywood se alistó de inmediato, dando muestras de su entusiasmo patriótico y de su sentido de los negocios. La Paramount cambió el título de su película Midnight Angel por el de Pacific Blackout (1942), pero eso no salvó a la película, que era un verdadero desastre. David O. Selznick registró el título de V for Victory, pero no llegó a usarlo nunca y, en marzo de 1942, la Republic Pictures vació los cines de todo el país con una película barata y oportunista titulada Remember Pearl Harbor.

Mucho más significativas fueron las regulaciones de tiempos de guerra que el Gobierno impuso a Hollywood. En diciembre de 1941, sólo dos días después del ataque contra Pearl Harbor, oficiales del ejército recorrieron todos los estudios y confiscaron las armas de fuego utilizadas en los rodajes, que fueron entregadas a unidades de defensa civil. Se fijó un único turno diario de trabajo, desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde, para que los empleados de los estudios pudiesen volver a sus casas antes de que empezasen los apagones antiaéreos y, como consecuencia de todo ello, dejó momentáneamente de filmarse durante la noche. La mayoría de estas medidas estuvieron en vigor sólo durante los primeros días de la guerra, cuando todavía se temía que los japoneses estuviesen preparándose para invadir la indefensa Costa Occidental de los Estados Unidos. En cualquier caso, estas disposiciones reflejaban un fenómeno nuevo, la intervención del Gobierno en la industria cinematográfica americana.
 
Ya en mayo de 1942, la revista «Variety», divulgó las discusiones a alto nivel de las que había surgido la decisión de no mostrar a Hitler y a Hiro-Hito como símbolos personales de la maldad alemana y japonesa. Al público americano se le debía explicar que los pueblos alemán y japonés eran igualmente responsables por tolerar y cooperar con tales dirigentes.
 
El Gobierno de Estados Unidos trazó las seis pautas o normas básicas para la realización de películas relacionadas con la guerra. La primera se refería a su carácter, y en esa categoría encajaban títulos tan diversos como This Above All (1942) Y Watch on the Rhine (1943). La segunda se refería a la naturaleza del enemigo, ejemplificada en películas como Hitler's Children (1942), y This Land Is Mine (1943). En tercer lugar estaba la noción de las «Naciones Unidas y sus pueblos», en la que encajaba prácticamente todo, desde La señora Miniver (Mrs. Miniver), hasta Mission to Moscow (ambas de 1942), y La semilla del dragón (1944).

La cuarta categoría se centraba en la acuciante necesidad de un aumento de la producción industrial, y las películas pertenecientes a la misma solían mostrar personas normales y corrientes que trabajaban en factorías, preferentemente de industrias de guerra, como Wings for the Eagle (1942), y Swing Shift Maisie (1943).
 
Las dos últimas categorías correspondían, respectivamente, a las películas destinadas a elevar la moral de la población en la retaguardia y a las que tenían como tema las fuerzas armadas, un género en el que Hollywood tenía ya una tradición larga y acreditada. Prácticamente todas las películas producidas entre 1942 y 1945 encajaban en una u otra categorías.
 
Ningún género se vio excluido de la lucha contra el fascismo. El musical realizó una entrada espectacular con Yanqui Dandy (Yankee Doodle Dandy, 1942), interpretada por James Cagney como George M. Cohan, el autor de la canción «Over There», el mayor éxito musical de la Primera Guerra Mundial. La aportación de la Paramount incluía Star Spangled Rhythm (1943), que servía de excusa aceptable para una serie de números patrióticos con gran despliegue de banderas. El más curioso de todos los musicales durante la guerra fue When Johnny Comes Marching Home (1943), cuyos protagonistas eran un heroico marido (interpretado por el irresistible Allan jones de Una Noche en la Opera), la adolescente prodigio Gloria Jean y la orquesta de chicas en Phil Spitalny. La estructura narrativa tradicional de las películas de Hollywood se repetía continuamente.
 
Las victorias en Africa del Norte e Italia, de 1943, se vieron seguidas al año siguiente por la triunfante invasión de Francia, y, según la marcha de la guerra anunciaba la victoria definitiva, el mayor problema de Hollywood fue el de cómo evitar la realización de películas de guerra que se quedasen inmediatamente obsoletas en caso de que los alemanes se rindiesen antes de terminar su montaje.
 
Pero cuando esto se produjo realmente, no importó en lo más mínimo. 1946 demostró ser uno de los mejores años de toda la historia de la industria cinematográfica. Si la guerra había llenado los cines de gente deseosa de olvidarse de ella, la paz los llenó de gente dispuesta a celebrarla. Todos los grandes estudios aportaron su granito de arena al esfuerzo bélico proporcionando grandes dosis de propaganda y diversión. Su recompensa consistió en unos saneados beneficios. Puede decirse que los años de la guerra fueron la «Edad de Oro» de Hollywood. Se trató de una época de la que se ha dicho que, en ella, incluso las buenas películas ganaban dinero.

 

 


Fuente: Orbis Publishing Ltd, 1982 - Supervisado por Carlos Infante

Comentarios
Comentarios (0)


No hay comentarios
Añadir comentario