
La actriz francesa Denise Darcel fue una rutilante estrella en Hollywood. Tanto que estuvo a punto de eclipsar a Esther Williams. Pero aquella gloria fue efímera. Darcel, intérprete destacada en el género del western, ha fallecido recientemente a los 87 años, recordada por el buen cinéfilo por su creación de Fifi Danon, la prostituta que quiere redimirse en Caravana de mujeres (William Wellman, 1951). Acaso fuera esa vieja canción gala, Auprès de ma blonde, que entonaba transportada de gozo en medio del desierto para solaz de las pioneras, la secuencia cumbre de su filmografía.
Tres años después, en 1954, Robert Aldrich confiaba a Darcel el papel de la condesa Marie Duvarre de Veracruz. En aquella cinta compartió cartel con Gary Cooper y Burt Lancaster, y su personaje, en el que resonaba ni más ni menos que Madame du Barry, la maîtresse de Luis XV, vino a sintetizar la idea de Hollywood del encanto de las francesas.
Con motivo de la edición restaurada y en Blu-Ray de Desayuno con diamantes, les recuperamos este artículo

Si la categoría, el impacto y la perdurabilidad de una película se miden por sus características genuinas e intransferibles, por aquel brillo especial que no encontramos en ninguna otra, Desayuno con Diamantes puede considerarse como uno de los grandes mitos de la historia del cine. Y ese brillo lo aportan las inolvidables melodías de Henry Mancini, la suave y elegante puesta en escena de Blake Edwards, los suntuosos vestidos de la protagonista diseñados por Givenchy y, sobre todo, la magistral interpretación de Audrey Hepburn. Verla deslizándose por el escenario con la finura y elegancia que caracterizó toda su carrera es un espectáculo irrepetible. Ella llena toda la pantalla. Y quizás eclipse las demás virtudes de esta maravillosa película, a la que el paso del tiempo no ha atenuado el aroma de perfección que brota de sus imágenes.
Con motivo de la edición restaurada y en Blu-Ray de Desayuno con diamantes, les recuperamos este espacio radiofónico

Preciosa partitura ideada por Henry Mancini para acompañar a las aventuras de la joven Holly, capaz de desayunar vestida de gala ante los escaparates de Tiffany's. Incluye la canción "Moon river", la más conocida del film. En la cinta, la interpreta Audrey Hepburn, a pesar de que los productores no estaban muy convencidos de la voz de la actriz. En la banda sonora, no se incluyó la versión de Audrey.
Con motivo de la edición restaurada y en Blu-Ray de Desayuno con diamantes, les recuperamos este artículo

Hoy he desayunado disfrutando del perfume del humo, del recuerdo de New York, de la Quinta Avenida, de Tiffany's, del extraordinario guión adaptado de la novela de Truman Capote, donde las bocanadas de humo se expanden en escenas como la fiesta de Holly o en el apartamento de Fred, ayudando a los personajes a pasar un buen rato, a encontrar un sentido a la realidad, para conocerse mejor a sí mismos, aunque no sean fumadores empedernidos.
Se trata de una historia que, como la vida misma, transmite el paso del tiempo, la huida de lo que nos retiene, y dos vidas unidas por el mágico destino en un edificio de una calle de New York.
Con motivo de la edición restaurada y en Blu-Ray de Ben-Hur, les recuperamos este artículo de Juan Tejero publicado en 1993

Si a la hora de elegir la mejor película de la historia del cine nos guiáramos por el número de Oscars concedidos por la Academia, Ben-Hur sería la vencedora absoluta. La película acaparó en 1959 doce preciadas estatuillas -algunas de ellas un verdadero regalo- y batió todos los records habidos y por haber. El 4 de abril de 1960, la Metro vivió su noche más inolvidable en el mejor escenario posible, y vio recompensado su enorme esfuerzo inversor en unos momentos en los que la marca del león afrontaba tiempos de crisis. Ben-Hur recibió premios para todos los gustos, mayores, medianos y pequeños: mejor película, mejor director (William Wyler), mejor actor (Charlton Heston), mejor actor secundario (Hugh Griffith), mejor fotografía en color, mejor banda sonora, mejor vestuario en color, mejor dirección artística en color, mejor montaje, mejor sonido, mejores efectos visuales especiales y mejores efectos visuales. ¿Hay quién dé más?
Esta semana Luis Herrero, José Luis Garci y Eduardo Torres Dulce desgranan las anécdotas y leyendas que giran alrededor del rodaje y los protagonistas de la película Casablanca.

Escuchando la canción "The Battle Cry of Freedom", pero en la versión que interpreta Miriam Hopkins en Oro, amor y sangre, me dispongo a contarles algunas cuestiones sobre la nueva versión de Soldado Azul recientemente editada por Universal y Studio Canal.
Si me tuviese que ceñir a la edición la crónica tendría tres líneas porque tan sólo contiene la película sin ningún tipo de extra, ni siquiera el tráiler. Así que les contaré una serie de anécdotas que pueden ser de su interés (o no). Por ejemplo en mi recuerdo esta cinta está como la única vez que me negaron la entrada al cine y lo que es más grave teniendo la edad requerida por aquel entonces. Se me había olvidado el DNI en casa y… Eran otros tiempos ya felizmente olvidados o perdidos en algún rincón de la memoria.

Ha sido cuando menos sorprendente mi nuevo acercamiento a esta película tras haberla visto hace unos 30 años y no guardar un buen recuerdo precisamente. Vista hoy en una copia restaurada de calidad notable con un sonido cuasi perfecto en su versión original mi opinión ha cambiado notablemente.
Steve McQueen, gran estrella del momento, llevaba un tiempo queriendo realizar una película sobre el mundo de las carreras, sobre sus entresijos, sobre lo que había alrededor y dentro de este mundo. El popular actor realizó la película con su productora y el resultado no pudo ser más lamentable. Fracaso de público y crítica y ni siquiera gustó a los pilotos por aquel entonces.

Estamos de vacaciones, estamos en el incomparable marco de la ciudad del Turia, de la ‘Ciudad de las Artes y las Ciencias’. Desde aquí desde la monumental Valencia les envío un muy cordial saludo a todos ustedes, nuestros queridos lectores y les anuncio que el próximo 2 de septiembre estaremos de nuevo con todos ustedes.

Mario Camus vive en un lugar suspendido en el tiempo. Una casa colindante con un muro de piedra antigua y frondosos arbustos, junto a la plaza del ayuntamiento de Ruiloba, donde uno llega desde Madrid bajándose en la estación de Torrelavega, a pocos kilómetros de Santander, y viaja treinta minutos en coche cruzando minúsculas pedanías resguardadas por valles y montañas. Su saludo es afable, agradecido por la consideración de que la entrevista no se realice por teléfono: “Es muy frío. Me resulta imposible mantener una conversación sin mirar a los ojos de quien me habla. Gracias por el viaje”. A excepción de un perro holgazán, la plaza está desierta y es la una en punto, pero el reloj de la iglesia marca las 11.15 desde hace tanto tiempo que Camus ya no recuerda cuándo se detuvo. “Aquí ya no queda nadie. En este pueblo viven tres nonagenarios, ocho octogenarios y el resto somos septuagenarios”. Su apariencia de atleta envejecido es envidiable para un mortal que cumplirá 76 años en abril.

Sólo los cinéfilos devotos recuerdan a Raymond Massey, el actor canadiense que en Al este del edén interpretaba al religioso granjero cuyos dos hijos no podrían haberse llevado peor, y lo mismo puede decirse de Richard Dávalos, quien en aquel filme encarnaba a uno de los dos hermanos. Sin embargo, la sola mención de James Dean, el apuesto nativo de Marion, en Indiana, que en aquel filme hacía su primer papel protagonista como el hermano de Dávalos y el hijo de Massey, trae a la memoria de cualquier interlocutor el rostro joven y sonriente de este actor que hoy hubiese cumplido 80 años.

He sentido siempre admiración por los hombres tranquilos que ni en los peores momentos pierden jamás la compostura. Conviene no confundir a esa clase de hombre con el tipo acobardado y taciturno que evita los problemas por temor a enfrentarse a ellos. El hombre aplomado que me gusta es el que, sin rehuir la lucha, evita a toda costa el forcejeo, el tumulto, el sudor, porque por su sentido de la elegancia no concibe que trasciendan en su camisa las manchas que por lo que sea haya encajado en su honor. Bien sabe esa clase de hombre que, aunque no marque con un hematoma la cara del otro, una frase puede resultar más demoledora que el puñetazo al que sustituye. David Niven no parecía un hombre especialmente dotado para la pelea y sin embargo a mí siempre me ha dado la sensación de ser capaz de aplacar la furia de sus contrincantes con una frase que pareciendo amable hasta puede que resulte dolorosa.

Yo no exploto a Cantinflas, pero Cantinflas trabaja para Mario Moreno", dijo una vez el actor que creó y encarnó al peladito mexicano de inagotable verborrea y pantalones a media asta. Y, cantinfleando, dio en el clavo. Porque en el centenario de su nacimiento, el más grande comediante del mundo según Charles Chaplin, se convierte en marca. Un sello con férreo copyright que se estampará en camisetas, champú para hombres, productos para el aseo infantil, chocolatinas, juegos de mesa, aplicaciones para teléfonos móviles, videojuegos y, por descontado, en las botellas de una edición conmemorativa de tequila.

Aunque había nacido en Roma, en 1934, Sofía Villani Scicolone venía del ambiente pastoso de Pozzuoli, de cerca de Nápoles, donde se crió de niña. Primero fue el terror a la oscuridad que precedía al sonido de las bombas; luego, terminada la guerra, el fantasma del hambre y la miseria que se estableció entre los gritos de las mammas por los patios de luces y de los vendedores en el mercado, el estruendo de escapes de motocicleta, la música de tarantelas, funiculí funiculá, el milagro de la sangre de san Jenaro que se licuaba cada año y el celo de los machos que desde la acera con la espalda en la pared seguían con la mirada pegajosa el culo de las chicas hasta que doblaban la esquina.

Encontraron a la famosa actriz tendida sin ropa sobre la cama. En una imagen conmovedora que se transmitió como un rayo por todo el mundo, yacía muerta con un brazo extendido y la mano en el teléfono. El sargento Jack Clemmons, inspector de guardia en la comisaría de Los Ángeles Oeste, registró una llamada del doctor Greenson informando sobre la muerte de Monroe a las 4.25 de la mañana del domingo. "¿Marilyn Monroe?", se preguntó. Debía de ser una broma. En lugar de dar aviso a una patrulla, como hubiera hecho normalmente, fue en persona a comprobar la veracidad de la llamada. Clemmons comenzó a sospechar de inmediato sobre las circunstancias de aquella muerte. Para empezar, había algo que no cuadraba con el tiempo: la señora Murray (la enfermera-asistenta que cuidaba de Monroe) comentó que habían encontrado el cuerpo poco después de la medianoche y, sin embargo, la policía no fue avisada hasta las 4.25. ¿Qué sucedió mientras tanto? El doctor Greenson declaró que había telefoneado a los estudios y a colaboradores de Monroe, pero el sargento no se creyó que esas llamadas le hubieran podido ocupar cuatro horas. ¿Alguien se había encargado de destruir las pruebas de un delito?

Cinco años después de Luces de la ciudad y en pleno auge del cine sonoro, el neoyorquino teatro Rivoli ofrecía el 5 de febrero de 1936 la première de Tiempos modernos despejando los interminables rumores creados alrededor de aquella esperada película ¿Habría liquidado Charles Chaplin su emblemático personaje de Charlot, creado en 1914? ¿Se habría atrevido a saltar al sonoro? ¿Atacaba su película el capitalismo con tanta dureza como se decía? Además, el célebre (y millonario, todo hay que decirlo) cómico británico, símbolo de los desheredados, tenía a la opinión pública conservadora en su contra. Pero al estreno acudieron figuras como Gloria Swanson, Douglas Fairbanks y Ginger Rogers.

NUEVA YORK - Sensacional hallazgo en Texas: han aparecido quince relatos cortos inéditos de Dashiell Hammett, el mítico autor de «El halcón maltés» y «Cosecha roja». Los ha encontrado Andrew Gulli, un mandarín de la novela negra que va a publicar por lo menos uno de estos tesoros ocultos el mes que viene en «The Strand», un magazine de culto para los amantes del género.
Gulli es una fiera que anteriormente ya ha desenterrado inéditos de Agatha Christie, Graham Greene e incluso Mark Twain. Ahora la buena nueva es para la legión de nostálgicos de Hammett, el Ernest Hermingway de la novela negra, el autor en el que vida y obra más se han entrelazado para dar lugar a la fascinación.

Sucede a veces con las pistolas que, cuando creemos que están descargadas, queda todavía una bala en la recámara lista para ser disparada. Algo así sucede con los relatos de Dashiell Hammett recién descubiertos por Andrew Gulli en la Universidad de Texas en Austin. El viejo Hammett, el creador de la novela de detectives (si es que Chéjov no lo hizo antes que él), cuya sombra sigue todavía proyectándose sobre gran parte de la ficción contemporánea, muy especialmente sobre la del género negro, todavía tenía una bala en la recámara.

Para muchos, Maria Schneider será siempre la chica de senos exuberantes de El último tango en París, y siempre tendrá veinte años. Ella, la de los nuevos usos de la mantequilla; la que dispara a Marlon Brando en la famosa película de Bertolucci, y en la que Brando va y se muere sin olvidarse del chicle (ese chicle que se saca educadamente de la boca mientras se muere para pegarlo en la barandilla).

Un día me contó Berlanga que al llegar a París para rodar Tamaño natural se instaló en el Hotel Pont-Royal y coincidió en él con Bertolucci, que preparaba El último tango en París. Desde el principio comían y cenaban juntos, y Bertolucci se empeñaba en que Luis le diera un papel a una chica que llevaba a cenar casi todas las noches: Maria Schneider. Por si fuera poco, él iba a darle el papel protagonista de El último tango... y Luis se echaba las manos a la cabeza y le decía: «Bernardo, no es sólo que no me guste para mi película, aunque tú me la recomiendes; es que yo creo que te estás jugando tu película con ella; que es muy mala...». Y Luis me lo contaba riéndose: «Hay que ver, me equivoqué totalmente: esa chica funcionó maravillosamente y fue un éxito. Me equivoqué».

Madrid - El actor William Holden murió de una forma ridícula. Tropezó con la alfombra y se golpeó la cabeza con la mesilla. Aquella brecha de siete centímetros no debió matar a nadie. Pero las venas del intérprete arrastraban una botella y media de vodka. La herida alcanzó el cráneo, pero él no percibió la gravedad del corte. Mareado, cogió unos pañuelos de papel para taponar la sangre que le fluía de la frente. Utilizó ocho antes de tumbarse en la cama. Tardó media hora en perder la consciencia. La hemorragia, acentuada por el alcohol –un fuerte vasodilatador que, además, inhibe la coagulación–, prosiguió hasta que murió desangrado.